Trabajar, estudiar y parrandear

En ocasiones veo con nostalgia las grandes parrandas a las cuales ya no asisto, no por falta de intención, sino por falta de energía. Pero también observo gran cantidad de jóvenes adultos que de una fuente casi ilimitada de resistencia logran trabajar, estudiar y parrandear. Aunque esto no se traduzca en un eficiente trabajador con excelentes notas en sus estudios mientras puede irse de fiesta tal como si el mundo fuera a dejar de existir mañana.

Sin querer generalizar, se nota una tendencia, inclusive a nivel de entidades educativas de brindar mayor peso hacia el aspecto social de la vida universitaria, mas que enfocar en los estudios. Esto va en detrimento del estudiante, ya que por razones de la vida social universitaria que en ocasiones interrumpe al docente aunque el mismo no sea partícipe de la misma y no permite cubrir el material; o el mismo docente bajo la presión estudiantil, cede, baja el ritmo para permitir que puedan cumplir con las obligaciones sociales. Se observa también el docente que no cede ni baja el ritmo, pero, en su mayoría distraídos no cumplen con los requisitos de la asignatura. Por ende es alarmante la cantidad de personas con bajo rendimiento debido a las presiones por obligaciones sociales que tiene la universidad.

La gran mayoría tiene algún tipo de empleo para poder sufragar sus gastos como estudiante, ya que, se ha ido la época donde los padres o programas de becas podían permitir que un estudiante pueda dedicarse únicamente a ser estudiante. Estos estudiantes suelen estar sumamente cansados, se duermen en sus banquillos o terminan desanimados al punto que dejan sus estudios. Estos estudiantes también están presionados a mantener la parte obligatoria de la vida social universitaria. Presionados aun más con la necesidad de obtener dinero para cubrir esos gastos.

Entonces ya haciendo malabares para poder cumplir con su empleo, sus estudios y vida universitaria, viene la parte de las parrandas. Lastimosamente existe una desconexión sobre la correlación de horas en el día, tiempo de dedicado al empleo, tiempo dedicado a los estudios y tiempo de ocio y relajamiento. Los estudios superiores exigen una dedicación similar a una jornada laboral de cuarenta y ocho horas. Veinte horas presenciales en el aula; veinte horas en repaso y estudio del material dictado; y ocho horas dedicadas a la investigación y redacción de ensayos y proyectos. Entre celebraciones culturales, vida social externa y universitaria, muchos se olvidan descansar o piensan que pueden aprender el material dictado un día antes del examen de una asignatura.

El manejo del tiempo, es algo que inicialmente se debe enseñar en el hogar, reforzar en la escuela, implementar a nivel secundaria y aplicar a nivel universitario. El universitario es adulto y se espera que actúe como tal, lastimosamente no existe una base de manejo del tiempo, y eso incluye mostrar puntualidad a la hora de asistir a clase, entrega de asignaciones y exámenes; de la misma manera que se exige en un ambiente laboral.

La deserción académica, por falta de tiempo y dinero, ha dejado una gran cantidad de mentes posiblemente brillantes sin oportunidades ya que no son mano de obra calificada. No es obligación del gobierno ni de la empresa privada entrenar a estar personas, si ya existen las herramientas, pero si es obligación de la familia y país, crear una política de estado, que enseñe puntualidad, manejo del tiempo y como equilibrar la vida social con la laboral.

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