Cogito ergo sum

¿Alguna vez, has contemplado la esencia de lo que es ser y tu propia existencia dentro del todo? “Pienso, por lo tanto, soy” plasmada por Descartes y para mí fue una frase trascendental cuando me tropecé con ella. Originalmente pensé que la frase era “Pienso, luego existo”, lo cual es una traducción errónea del latín, pero esa frase en ocasiones siento que tiene su gran verdad en un ámbito metafísico, donde si no piensas o te piensan dejas de existir.

Pero cual sería una verdad indudable “Pienso, por lo tanto, soy” o “Pienso, luego existo”, ya que en los círculos de la filosofía se considera la primera la aceptada y para el vulgo la segunda es la popular. Lo cual conduce a un problema existencial donde los estudiados en filosofía y en especial los que siguen el pragmatismo occidental se rigen por la frase original y el resto que a mi entender son una mente colectiva consideran la segunda como una verdad indudable.

Pensar es un acto donde se hace una representación abstracta sobre un algo de la existencia de un ser relacionada al medio en que se rodea. Entonces Descartes no probó la existencia ni intentó probar su existencia en su discurso del método, pero su objetivo fue demostrar su preexistencia y por ende la existencia de la consciencia del yo. Pero ¿El yo existe dentro de un plano físico y al no pensar no existe en el metafísico?”

Reflexiono sobre experiencias, acciones, y considero, ¿Será que la razón por la cual la mente colectiva humana ha popularizado, “Pienso, luego existo”, es porque es una verdad intrínseca?

Aunque viendo la necesidad humana de ser recordado y el temor de muchos de ser olvidados, me atrevo a plasmar que se debe tratar en dos facetas.

  1. Pienso, luego existo.
  2. Si me piensan, sigo existiendo.

El concepto del recuerdo es recurrente no solo entre los círculos filosóficos, es sumamente popular entre las grandes obras literarias, en la religión y la remembranza es parte fundamental de la sociedad humana.

“Si me piensan, sigo existiendo” ya había sido un concepto que me rondaba la mente al estar disfrutando de una serie en Netflix llamada “The Good Place”, la cual vía parodia trata conceptos filosóficos, el concepto de ser recordado permite la existencia también rondaba en esos momentos donde recordamos a nuestros seres queridos. He notado y esto es circunstancial, que el mayor temor del individuo es no ser recordado.

Disfrute de una película familiar con mi esposa e hijos, llamada “Coco”, donde toman la tradición mexicana del “Día de los Muertos”, estableciendo que al ser olvidado el individuo, este deja de existir en el plano metafísico por ende, desaparece. Y si hacemos una breve investigación, nos podremos percatar que todo país de una manera u otra tiene una fecha reservada para conmemorar a sus seres queridos. Al ver la película volví a retomar el conflicto interno de recordar o no ser recordado.

Aunque es una dramatización en base a la imaginación de los creadores de la película sobre que ocurre en la vida después de la muerte, me pregunto entonces que ocurre en luego de ser olvidado. Y pienso en la filosofía budista, establecida por Siddhartha Guatama, cuyo objetivo máximo es salir del ciclo de la resurrección para poder unirse al núcleo superior, hasta ese momento somos una manifestación del núcleo, pero no pertenecemos al mismo.

Todo lo que hacemos conscientemente valida nuestra existencia, todo lo que pensamos confirma nuestra existencia y al ser recordados perdura nuestra existencia. Me queda la duda ¿Debemos existir o dejar de existir? ¿Al dejar de existir existe un plano superior al metafísico?

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