Mensajes Viajeros

Existen mensajes que viajan en el tiempo, son especiales y captados por receptores especiales, que a su vez enviarán mensajes propios, muchos de manera anónima, pero trascenderán de generación en generación. Los mensajes viajan unidireccionalmente, no tendrás respuesta, pero, al transmitirlo, tendrás la satisfacción que será bien recibido. El tiempo solo viaja en una dirección y por ende un mensaje que trasciende el tiempo, solo viajará en la misma dirección.

Los mensajes se crean en todo momento, y los mensajes con intensión de ser transmitidos a través del tiempo, perduran mientras alguien lo sepa. Dichos mensajes en ocasiones intencionales y en otras sin intención, nos enseñan el pasado y nos vislumbran una visión para el futuro.

Que peculiaridad de los humanos de querer dejar una marca, ya sea genética o física, donde se transmite un mensaje para que alguien en un futuro lejano o cercano lo pueda entender y retransmitir. Lo interesante que muchas veces los mensajes que han sido dejados con intensión no son entendidos por el presente y demora varias generaciones en ser recibidos.

Objetos, obras, cicatrices en la tierra, todas perduran y transmiten aquel mensaje viajero que algún día llegará al recipiente intencionado y lo entenderá.

Aquellos ojos

Pienso en ojos verdes que una vez observé.

Ojos verdes amables siempre en pensamiento profundo.

Momentos observados cuyos ojos capturaron en su andar.

Reflejos de menta con nívea nube ondeante.

Aquamarín indistinguible con el horizonte sin fin.

Recuerdos de caña, tranquilizante y dulce a su vez.

Memorias inolvidables, al despedir al astro padre

Y dar la bienvenida a la luna madre

Con visita del rosáceo cielo y sus pecas estrelladas.

Evoluciona en turquesa tal cual gema de jade

Pienso en aquellos ojos verdes que una vez observé.

Para aquellos ojos verdes, solo en recuerdos

Nunca más volveré.

Panamá y la Gallina Desplumada de Stalin

El control de una multitud es un arte y recuerdo la fábula de la gallina desplumada de Joseph Stalin. El pueblo, en estos momentos, está sumamente desesperado, el comercio está en su mayoría suspendido, ha devastado la economía y por consiguiente el ingreso familiar. Irónicamente, no ha ocurrido nada que pueda peligrar la gobernabilidad del país. Por ende, estoy por pensar que quizás Stalin tenía razón.

Empezó la cuarentena y suspendieron toda actividad, hubo quejas, pero en general la población se mantuvo en tranquilidad. Con cada revuelta, un aliciente llegaba, entre migajas para las familias encerradas y conciertos para alegrar la agonía.

Continua la cuarentena y la población enojada, fue tranquilizada con la idea de posible comida, ya sea en forma de bolsas o bonos a canjear. Pero, esa ayuda fue subjetiva y selectiva y a todos los necesitados no llegó.

Se mantiene la cuarentena y los vientos hablan de revolución, suspenden la ley seca, y se abarrotan los centros de venta de licor. Repentinamente, hay tono de felicidad y celebración, y se expone que para el vicio hay dinero, pero para la comida no.

Josef Stalin una vez dijo:
“Así de fácil se gobierna a los estúpidos. ¿Han visto cómo me ha perseguido la gallina a pesar del dolor que le he causado? Así son la mayoría de los pueblos, persiguen a sus gobernantes y políticos a pesar del dolor que les causan por el simple hecho de recibir un regalo barato o algo de comida para uno o dos días”.

Y así nos mantienen, a punta de alicientes y migajas, con un regalo barato, y más barato aún porque no ha costado nada. Un papel, letras y una firma y que se acabe la ley seca, así tranquilos se quedarán por un tiempo.