Se ha ido mi abuelo paterno

Llegó la noticia de que ha dejado de existir. Siempre lo conocí como un hombre fuerte y muy testarudo, pero no negaré que para mí, fue un excelente abuelo. Pase muchas vacaciones en casa con él. De pequeño, los largos paseos en el vagón de su bicicleta. Las visitas a su adorado maizal y finalmente mis travesuras acompañadas con su respectivo regaño.

Luego fui padre y las cosas cambiaron, el se apartó y decidió iniciar nueva vida. Me lo cruzaba en ocasiones en la calle y nunca me hizo una grosería. Conoció a mis hijos y siempre que los veía, pausaba su faena y les dedicaba un momento de su día. Hombre de campo siempre con la piel quemada por el sol ardiente, trabajó su tierra toda su vida.

Cada vez fueron menos frecuentes los encuentros, hasta el punto que ya no ocurrían del todo. Había enfermado. A su petición, no quiso visitas ni lastimas. A veces pienso que querían que lo recordaran saludable y no enfermo. Y bueno, finalmente llegó la noticia de su deceso. Y cierto es, que nunca tendré esa imagen de un hombre enfermo porque nunca me permitió verlo como tal.

Le conté a mis hijos, y la sangre se hereda, recordaron los encuentros, lamentaron que ya no seguirán. Pero llanto no hubo, solo lamento de que ya no existe más.

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