¿De que manera pedir disculpa a tu esposa?

Llega aquel momento en la vida donde uno como hombre casado, de admitir que se ha equivocado. Pero con toda honestidad no existe una manera apropiada de disculparte con tu esposa cuando está enojada. Aunque hayas elegido y tomado todas las precauciones no funciona y en el raro caso que la disculpa sea aceptada, mejor lleva a tu pareja al médico porque puede estar sufriendo de una apoplejía y de igual manera en alguna discusión futura no relacionada al evento actual, traerá a colación el tema. Para mí, la mejor manera de disculparse es a través de las acciones.

Si estuviste holgazaneando y se te paso hacer tu parte de los quehaceres del hogar, te disculpas o aún peor, intentas justificarte, prepárate para chocar con un muro a un millón de kilómetros por hora porque vas haber logrado causar un berrinche que en promedio puede durar más o menos una hora. En este estado de histeria temporal femenina, la mujer suele susurrar en voz muy alta y llegar a sonar a los gritos de los chivos pidiendo comida.

Nunca vas a poder evitar este berrinche, pero la duración del mismo se puede reducir en gran medida si te pones los pantalones y tomas acción.

En momentos donde no existe acción por tomar, entonces es mala idea disculparte con tu esposa en ese momento de tu vida. Encuentra una silla cómoda o ve a tu cama y observa como marcha de lado a lado pero permite que se desahogue. Una vez este calmada, puedes intentar disculparte, ahora haga esto bajo su propio riesgo porque puede causar otro largo berrinche. Solo ten fe y quizás el resultado final sea el sexo rabioso para limar asperezas.

Una vez este desahogada y calmada, se requiere que ella ha podido dormir bien la noche anterior para poder plasmar tu punto de vista sobre lo ocurrido mientras eres empático sobre lo que ella ha dicho con muchas palabras y de más maneras que átomos en el universo, intenta conversar. Ahora se valiente porque esto es una bomba de tiempo que puede detonar en cualquier momento.

Recuerda las discusiones son parte de todo matrimonio saludable y honesto. La honestidad duele y no existe tal cosa como un matrimonio perfecto, pero los matrimonios felices si existen.

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